Si perdemos, ganamos

Reflexión sobre la violencia, el poder y la conciencia humana

Sí, tal como el título lo indica, cuando perdamos ante los ojos del mundo es cuando, de verdad, habremos ganado.

Vivimos en un tiempo atravesado por conflictos, violencia y opiniones enfrentadas. Siempre parece necesario elegir un bando, señalar un culpable, declarar una victoria. Pero ¿quién es realmente responsable? ¿Qué significa hacer justicia? ¿A quién debemos condenar para sentir que algo se resolvió?

El poder de perder

Solo cuando, a los ojos del público, parezca que estamos perdiendo —cuando cedemos, cuando dejamos de imponernos, cuando soltamos la necesidad de dominar— comenzamos a comprender que la violencia, en cualquiera de sus formas, siempre genera más violencia.

Perder no como derrota, sino como renuncia consciente:
dejar de reproducir para producir con sentido,
dejar de gritar para escuchar,
dejar de repudiar para poder comprender,
dejar de matar para poder amar.

La ilusión de la victoria

Leo, escucho y observo, y lo único que puedo decir es que detrás de muchos “ganamos” se esconde una gran decepción, un dolor profundo, una tristeza colectiva que no siempre queremos mirar.

Una y otra vez elegimos ver solo lo que nos conviene. Nos refugiamos en burbujas de pensamiento que confirman nuestras creencias y nos impiden ver más allá de lo evidente.

Qué fácil —y qué peligroso— resulta dejarnos engañar por nuestra propia desesperanza.

Una crisis más profunda

La crisis no es solo externa. También es interna.

Preferimos soluciones rápidas, respuestas simples, pequeñas “curitas” para heridas profundas. Pero rara vez nos animamos a abrir la herida, a mirar de frente la causa, a limpiar la infección desde la raíz.

Nos conformamos con poco y seguimos repitiendo los mismos patrones de poder, exclusión y violencia.

Elegir otra mirada

Hoy elijo mirar con mis ojos internos, no con lo que otros me dicen que vea.
Elijo cuestionar incluso aquello que se presenta como triunfo.

Porque somos creadores de nuestra realidad colectiva.
La verdadera pregunta es: ¿cuándo vamos a asumir la responsabilidad por ello?

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