Mi éxito no es tu éxito: redefinir el éxito desde lo auténtico y lo espiritual

Vivimos en una época donde el “éxito” parece tener una sola forma: títulos, dinero, reconocimiento.
Pero… ¿y si el éxito no tuviera nada que ver con eso? ¿Y si fuera más bien un espacio interno de calma, autenticidad y conexión contigo mismo?
Este texto es una invitación a mirar hacia adentro, a romper las reglas del “deber ser” y a descubrir tu propio concepto de éxito.

Redefinir el éxito desde lo auténtico

No tengo por qué hablar de lo que no quiero hablar, ni mostrar partes de mí con las cuales no me siento cómoda.
Todos tenemos derecho —y deberíamos tenerlo— a conservar nuestro jardín secreto, nuestro templo interior.

Ese espacio que cuidamos y nutrimos todos los días, que amamos de nosotros mismos, que nos hace sentir auténticos y únicos, y que no depende de lo que los demás digan o acepten.

Soy exitoso cuando soy fiel a mí mismo, cuando me escucho y me siento entero.
Sin importar los diplomas, el dinero, mi género o mi forma de vestir.
Yo valgo por lo que soy, no por lo que logro.

Podemos —y debemos— redefinir lo que significa el éxito para cada uno de nosotros.
No tenemos por qué hacer lo que los demás hacen para sentirnos realizados.


Escarbar hacia adentro: el verdadero trabajo interior

Te propongo escarbar en tu interior, como un niño jugando en la arena.
Primero haces un gran pozo tratando de encontrar agua; luego la mezclás con la arena y, poco a poco, levantás los muros con esa mezcla húmeda.

Así funciona también la exploración de nuestra historia: descubrimos secretos, recordamos momentos de la infancia, nos preguntamos “¿por qué reaccioné así?”.
Y en ese caos de preguntas sin respuesta, nos agotamos.

Pero llega un punto en el camino, al borde del precipicio, donde las respuestas ya no importan, ni siquiera las preguntas.
Nos liberamos de todo cuestionamiento, de toda lógica.
Nos desprendemos de la historia que nos trajo hasta aquí.
Y justo ahí, por un minúsculo segundo… simplemente sos.


La caída como maestra del crecimiento

Me di cuenta de que con cada caída me siento más insegura, con menos esperanza en el futuro.
Todo lo que pensaba que funcionaba ya no funciona.
Pero, sin embargo, la caída es maravillosa.

Me llevó a cuestionar mi propia existencia y a navegar dentro de mí como nunca antes.
Me mostré vulnerable, viva, perdida en un océano tan amplio que la desorientación se volvió parte de mi norte.

Entonces… ¿qué tal si eso es éxito para mí?
¿Y si para alguien que obtuvo su diploma universitario eso no es éxito?
¿Y si alguien que tiene todo no se siente exitoso?

El éxito no tiene forma.
No se mide.
Se siente.


Romper las reglas y volver a uno mismo

Por eso es importante no buscar lo que otros tienen ni lo que otros desean.
Hay que aventurarse hacia adentro, es la única manera.
No hay retiro espiritual de 800 dólares en el Amazonas, ni ceremonia chamánica, ni quinientas certificaciones en tarot evolutivo o PNL que puedan decirte quién sos.

Las preguntas correctas no son “¿por qué?”, sino:
– ¿Qué necesito?
– ¿Necesito silencio? ¿Dormir? ¿Alejarme cinco minutos de la computadora? ¿Un fin de semana sin celular?

Empecemos por quitar el ruido para poder escucharnos.

El caos está adentro. El dolor está adentro.
La lucha, la rabia, la culpa, las enfermedades, el hambre… todo está adentro.
Y aun así, seguimos luchando con el afuera, tratando de encajar, de seguir reglas que no sentimos propias.

Romper las reglas siempre fue —y seguirá siendo— la mejor forma de encontrarse, de hacerse valer y de sacar lo mejor de uno mismo.


La Foto

Terminar una manta hecha con mis manitos, en crochet, y ni más ni menos que hecha de « granny squares », es un éxito.

Deja un comentario