Eran las 2 de la mañana de un domingo, acostada en la cama, pijama puesto y con los ojitos cerrados, así sin querer, la cabeza empezó su horario de trabajo.
Muchas veces me fascino de mi misma, como el cuerpo tiene un horario, la mente tiene otro, mi alma desea otro y luego los horarios que nos demandan desde el afuera.
Y así comencé a pensar…Cuando tomamos el camino del autoconocimiento, de tratar de poner en palabras aquello que nunca compartimos con nadie, cuando recién salimos de una relación tóxica o cuando nos sentimos que necesitamos un apoyo, acudimos a psicólogos, a medicinas alternativas, a amigos, familiares, e incluso a drogas y fiesta.
El humano necesita de otros para existir. Eso es un hecho, para que la humanidad persista, pero también, es un hecho que necesitamos de nuestros momentos de soledad. El diálogo consigo mismo, el silencio… lugar donde encontramos un rincón de paz y calma.
El egoísmo, poner límites, el decir « no », el respetarse, el darse su espacio, suelen ser los caminos más populares a la hora de auto conocernos.
¿Y por qué?
Tantas veces de chica, me enseñaron a no ser egoísta, a compartir, a ser solidaria, a ayudar a los demás, e incluso, a hacer aquello que no quería hacer. Tomamos a nuestros padres de ejemplo, a nuestros abuelos, y más adelante, a nuestros compañeros de estudio, de trabajo, amigos más cercanos.
El famoso « mis hijos van primero », « el trabajo es lo más importante », « si en tu trabajo la pasas bien, no es trabajo », « no pain, no gain ».
¿Nos alejamos de nosotros mismos? ¿Son excusas para no ver la realidad en la que estamos? ¿Tenemos miedo de conocernos?
Maravillosamente, de a poco, la mentalidad fue cambiando, pero solamente nos movimos a otro problema:
¿Cuando es bueno ser egoísta y cuando no? ¿Cómo saber si estoy poniendo un límite o solamente tengo miedo? ¿Estoy siendo solidaria o estoy dando demasiado?
La respuesta no te la voy a dar yo, porque creo que a esta altura del partido ya sabemos que cada uno tiene su verdad, muchas verdades coexisten en este plano y ninguna es errónea. Pero puedo acercarme a una técnica para diferenciarlo, para saber cuando estoy siendo yo, cuando me estoy ocultando o si es mi ego el que está tomando las riendas.
Si al momento de responder:
- Dudás
- Te duele el pecho
- Tu respiración cambia
- Te duele el vientre
- Te rascas una zona o mueves mucho las manos, piernas…
- Sentís ese enojo subiendo por la garganta
- O esa tristeza que se te estanca en los intestinos
- Surge un dolor de cabeza insoportable
Algo de información tiene que tener todo esto ¿no? Mucho más que solamente estar estresad@, cansad@…
El cuerpo nunca olvida y muchas veces trata de hacernos recordar enviándonos señales, las cuales solemos ignorar.
Entonces, no… por ahora estamos esperando el termómetro tecnológico que nos mida nuestro % de egoísmo y de buena onda.
Pero mientras, aprendamos a escucharnos.
No dependamos de otros para que nos den lo que es « verdad », lo que es « correcto » para nosotros mismos. Vos sabes lo que necesitas, dónde tenés que poner límites y donde tenés que comenzar a ser más abierto.
Sólo tenés que atreverte a tomar duras decisiones y a admitir difíciles verdades sobre ti.
Recibimos tantos mensajes de nuestro cuerpo e intuición que elegimos no escuchar solamente porque no nos gusta la respuesta.
A veces la mala respuesta, es la buena respuesta. Tanto como a veces, alejarse de la realidad es acercarte a tu verdad.

Deja un comentario