Odio el aguacate

Todo tiene un punto de inicio en el pasado, en una situación de cuando éramos pequeños. Todo trauma, todo dolor e incluso toda enfermedad tiene una raíz emocional, una raíz que a veces es hasta muy difícil de encontrar. 

Muchos se enteran a través de los Registros Akáshicos, otros a través de la Hipnosis y otros, no necesitan buscar, ya saben donde fue la raíz del problema.

Ese es mi caso, sé muy bien el por qué pasé 24 años de mi vida odiando a el aguacate o palta (como se lo conoce en Uruguay).

Pues aquí va la historia.

Mi infancia ya venía cargada de peleas familiares, violencia y mucho dolor. Pero todo tomó un giro muy distinto cuando conocí a mi padrastro.

Mis abuelos y mi tía, a los cuales yo adoraba y me cuidaban gran parte de los días, de un momento para el otro ya no los pude ver. Eso generó en mí una sensación de abandono, de soledad, que al día de hoy recordándolo me duele, siento la presión en el pecho…

Pero, no nos vayamos del tema más importante, el AGUACATE.

Creo que cuando tenía 7 u 8 años, mi mamá y mi padrastro, fanáticos del aguacate con mayonesa, decidieron darme para probar.

Con mucha confianza y a la vez miedo, tampoco era muy fanática de la lechuga, y al ser verde y cremoso, solo al verlo ya me generó una sensación poco agradable en el estómago y paladar.

Normalmente, o podría decir, en aquellos tiempos, se les obligaba a los niños a comer. Podrías pasarte toda una tarde sentado solo en la mesa hasta que te terminaras el plato, o incluso si no comías, ibas a tener lo mismo para comer al otro día y al día siguiente.

En mi caso, se optó por la manera de forzar cucharadas de aguacate en mi boca. Incluso recuerdo como los costados de la cuchara irritaba la comisura de mis labios.

De aquel momento en más, tenía que comer aguacate. 

Incluso, mi padrastro especialmente, me forzaba más a comerlo porque sabía que me disgustaba.

Naturalmente, luego a mis ya 20 años de edad, seguía odiando el aguacate con todo mi corazón. E incluso, con tan solo verlo, ya me generaba retorcijones en el estómago haciéndome morder mis propios dientes.

Mucho me sorprendí cuando viajé a Francia por mi intercambio universitario, ya a mis 30 años de edad, no solo me compré aguacate y lo comí. Sino que lo comí todos los días durante 2 semanas seguidas.

¿Qué hice?

No tengo idea y a la vez, puedo hacerme una idea del por qué.

Mi viaje a Francia, en el cual todavía continúo, fue una demostración para mi misma, de mi propia valentía y valor en el mundo. Por primera vez, sentí que me fui de mi país no huyendo, sino con el afán de crecer y de experimentarme. Tuve muchas situaciones donde pensé que nunca iba a poder lograrlo, pero lo hice.

Creo que luego de haber tenido el coraje de hacer cosas tan difíciles, de repente comer un aguacate fue sanador.

No voy a decir que ahora amo el aguacate, pero sí que me ha ayudado a recuperarme y a sanar una pequeña gran parte de mi niña interior.

Gracias.

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